ESTO ES UN COCHAMBRE

LETRAS PARA UN MUNDO MEJOR O UN FINAL ACOGEDOR

1 note

Viejas Bellezas

Encontrase Gottlob, cuasimodo oculto de grises parajes y rígidos movimientos, hallando la belleza en un pensamiento tan antiguo como el del sacerdote de Estagira, el bueno de esta historia como el hermano de Glaucón y Adimanto, o el mismo Emanuel. 

Una investigación lógica:

[Hablando de las representaciones de la visión] “…En realidad esa estimulación de los nervios ópticos no se da inmediatamente, sino que se trata sólo de una suposición. Creemos que una cosa independiente de nosotros estimula un nervio y provoca, mediante ello, una impresión sensorial; pero, en rigor, nosotros solamente experimentamos el final del proceso que penetra en nuestra conciencia. Esa impresión sensorial, esa sensación que atribuimos a una estimulación nerviosa, ¿no podría tener otras causas, del mismo modo que la misma estimulación nerviosa puede producirse de diversas maneras?

Si llamamos representación a lo que ocurre en nuestra conciencia, entonces lo que nosotros experimentamos de hecho son representaciones, no sus causas. Y, si el científico quiere evitar toda mera suposición, entonces sólo le quedan las representaciones: todo se disuelve en representaciones, incluso los rayos de luz, las fibras nerviosas y las células ganglionares de las que él había partido. Así, al final él mismo socava los cimientos de su propia construcción. ¿Todo es representación? ¿Necesita todo un portador sin el cual no posee existencia alguna? Me he considerado a mi mismo como el portador de mis representaciones, pero ¿no soy yo mismo una representación? Es como si estuviera tendido en un sofá, como si viera las puntas de un par de botas lustradas, la parte de arriba de unos pantalones, un chaleco, botones, parte de una chaqueta, en especial las mangas, dos manos, algunos pelos de barba, el perfil borroso de una nariz. Y esa completa reunión de impresiones visuales, ese conglomerado de representaciones, ¿e lo que soy yo mismo?

También me parece ver allí una silla. Es una representación. En realidad no soy demasiado diferente de ella, pues ¿acaso no soy yo mismo una reunión de impresiones sensoriales, una representación? Pero ¿dónde está entonces el portador de esas representaciones? ¿Cómo he llegado a escoger una de esas representaciones y a colocarla como portadora de las demás? ¿Por qué tiene que ser ésta la representación que yo he tenido a bien llamar ‘yo’? ¿No podría también elegir para esto aquella representación que me siento tentado a llamar silla? ¿Por qué, en suma, un portador de las representaciones? Un portador sería siempre algo esencialmente diferente de las representaciones de las que es mero portador, algo independiente que no necesitaría ningún portador extraño a él. Si todo es representación, entonces no hay ningún portador de las representaciones. Y, así, asistimos ahora de nuevo a un vuelco en los contrarios. Si no hay ningún portador de las representaciones, entonces tampoco hay representación alguna, puesto que las representaciones necesitan un portador sin el cual no pueden existir. Si no hay soberano, entonces tampoco hay súbditos. La independencia que me había visto inducido a conceder a la sensación en relación con el que la siente queda suprimida cuando ya no hay ningún portador. Lo que llamaba representaciones son objetos independientes. Carezco de todo fundamento para conceder un lugar especial a aquel objeto que llamé ‘yo’”.

Filed under lógica ciencia filosofía frege

4 notes

El amor del Marqués

Nacimiento de la circunstancia, causa vital de todo argumento. ¿Habrá un argumento para lo que no preferimos definir? ¿Para aquello a lo cuál escapamos? Es posible que nuestra naturaleza nos permita responderlo así como nos permita sumirnos en largas discusiones con la realidad, y por ende, no quede más que injuriarla.

“Dolmance: -¡Me habláis de los lazos del amor, Eugenia!
¿Habéis podido conocerlos alguna vez? ¡Ah, que semejante semejante sentimiento no se acerque jamás a vuestro corazón, por el bien que os deseo! ¿Qué es el amor? A mi entender no puede considerárselo más que como el efecto resultante de las cualidades de un objeto hermoso sobre nosotros; tales efectos nos transportan; nos inflaman; si poseemos ese objeto, ya estamos contentos; si no es imposible tenerlo, nos desesperamos. Pero ¿cuál es la base de ese sentimiento?… el deseo. ¿Cuáles son las secuelas de ese sentimiento?… la locura. Atengámonos, pues, al motivo, y librémonos de los efectos. El motivo es poseer el objeto; pues bien, tratemos de triunfar, pero con prudencia; gocémoslo en cuanto lo tengamos; consolémonos en caso contrario: otros mil objetos semejantes, y con frecuencia mejores, nos consolarán de la pérdida de ése; todos los hombres, todas la mujeres, se parecen: no hay amor que resista los efectos de una reflexión sana.¡Oh! ¡Qué engaño esta embriaguez que, absorbiendo en nosotros el resultado de los sentidos, nos pone en tal estado que ya no vemos, que no existimos más que por ese objeto locamente adorado! ¿Es eso vivir? ¿No es más bien privarse voluntariamente de todas las dulzuras de la vida? ¿No es querer permanecer en una fiebre ardorosa que nos absorbe y que nos devora sin dejarnos otra dicha que goces metafísicos, tan semejantes a los efectos de la locura? Si debiéramos amar siempre ese objeto adorable, si fuera seguro que jamás tendríamos que abandonarlo, sería una extravagancia, indudablemente, pero excusable al menos. ¿Ocurre? ¿Hay muchos ejemplos de esas relaciones eternas que jamás se hayan desmentido? Algunos meses de goce, que ponen pronto al objeto en su verdadero lugar, nos hacen avergonzarnos por el incienso que hemos quemado en sus altares, y con frecuencia no llegamos siquiera a concebir que haya podido seducirnos hasta ese punto”. 

-Marqués de Sade “Filosofía en la alcoba”.

Filed under literatura Marqués de Sade Filosofía Amor

0 notes

El trabajo de Melpómene

   Las menesterosas situaciones en las que la vida había situado a un afanado joven a acompañar a su padre a cumplir las labores de la familia, supondrían un desesperante ambiente de hostilidad y desidia. Cumplía años la más adorada de las tías y por ende la más pobre, y como no era de esperarse, sus allegados hicieron de la ocasión un humilde y a la vez pomposo almuerzo; muestra del cariño vendido a punta de regalos, ropa, comida y bebidas alcoholizadas.

No estaba de más que aquél joven junto con su también joven padre tuvieran que demostrar su grato amor con un pequeñísimo accesorio o atavío. El más viejo revoloteaba de la ira, que más rápido sería pereza pues al acercarse a los pórticos de la celebración, notó que no tenía regalo para su hermana. Entregado a la resignación digna de su pueblo y de su gente, se volvió para comprar en el centro comercial algún objeto que saciara su bondad diluida en la pernicia.

El más joven estaba acostumbrado a ello, por lo que guardaba silencio entre la marea de quejas y reclamos del viejo. Improperios, diatribas e interjecciones salían de la boca del mayor, castigando a las circunstancias, como el esclavo reniega a entredientes del látigo del amo, y pese a que el tiempo apremiaba era tal el arrechucho que el viejo se quedó detenido en las torrentes de personas que transitaban el centro comercial, haciendo pataleta para que le fuera devuelta la vida que perdió cuanto tuvo la edad de su hijo.

Filed under literatura Spanish literature cuento cronica

0 notes

Anonymous asked: Usted se limita o alguien lo hace o las limitaciones son menester en su vida?

Es imposible no limitarse, la idea misma del conocimiento es un límite, sin límites no habría orden, y no me refiero a sólo el orden político y moral, me refiero al orden del pensamiento.

0 notes

Anonymous asked: usted se considera una persona alegre?

Mi felicidad ha de ser tan limitada como para contestar: SI

1 note

¿Se podría conseguir algo mejor para el almuerzo?

Un vaivén que se justifica en el pasar del tiempo y la necesidad de realizar los planes inmodificables de la vida. es idiota creer que el tiempo, es idiota creer, es idiota el tiempo que se agota y avanza solo cuando hay alguien al lado, un acompañamiento, un postre. la entrada que haga del plato fuerte un verdadero deleite.

comer solo nunca ha dañado a alguien, el que come solo muere solo, el que come, solo come, solo muere, digo que nace solo y muere solo, pero la soledad es sin duda un deporte extremo visto por el animal político, bípedo sin plumas, gallina desplumada. se ve mal el hecho de una soledad bien hecha.

miren a su alrededor y mírenme, mírense, no pueden, solo podemos vernos, solos podemos vernos, estamos charlando después de todo, ¿no? de momento no soy yo el que está solo, son ustedes los que no existen y por lo tanto no pueden hablar.

miro alrededor y solo encuentro el cáncer haciendo metástasis en sus células más jóvenes, tontas malcriadas, idiotas perversos y morbosos, enfermos estudiosos y estudiados. homosexuales a mitad de paso, paso de mitad del ser a no serlo, y del no ser a la vida, voz falsificada y testículos rasurados.

¿Qué queda para la cena?
deseo fervorosamente vivir joven, la juventud que da risa día a día, riesgos e impulsos de luchas sin causas, sin finales, sin argumentos. cerrar los ojos y caminar descalzo entre brasas. deseo y debería, vería si pudiera y debería si viera, pues me miran a mí así como yo los miro, y me miro a mí así como ellos me miran, y los ojos rebotan de un lado al otro con la misma inseguridad de saber si algún día tendré barba o si algún día dejaré de tener acné.

el cuerpo se malgasta con un alma que se extingue a la velocidad de la pólvora con que fue disparada a un horizonte incierto.

auto-cita, tácita, atiborrada de tesis que me incitan a no seguir citando las citas. y sigue viajando, pensando que algún día el viento sea más fuerte que ella y por fin la deje donde el tiempo y el espacio nos ha dejado a todos, el olvido; aunque vive con la esperanza de atravesar una cabeza, sea joven sea anciana o animal. porque así como una bala, mi alma viaja entre las calles, esperando atravesar las ventas de las ventanas y cruzar por las cruces del cerebro del alguien, alex o alexandra, atravesarlo diametralmente. tocando cada fibra y neurona por la que ese individuo individual pero divisible ahora es dividido e incapaz de moverse.

“todo marcha bien menos esa puta materia” fui disparado por alguna clase de infortunio natural, afortunados aquellos que se acomoden al orden natural estoico, pero infortunado aquel al que la naturaleza ha imprimido el signo del mal, por una especie de malandro que no conocía un óptimo uso de las armas y disparó la suya, alimento de la pólvora de mi deseo y mi hambre, hasta que encuentre a otro, no para que me acompañe, mas para atravesar como la bala perdida en la planicie de una calle inclinada de sevicia y devorar la rica gelatina encefálica por que fui concebido.

puesto que mi alma destruye, así también la tuya, y no fue como lo habrán dicho generaciones enteras, o tradiciones con sabiduría ancestral, el cuerpo no ha de corromper el alma, es el alma la raíz de todas las corrupciones.

hasta aquí, aquí estoy, hasta nunca, nunca he estado, hasta acá.

Filed under literatura prosa

0 notes

Mi guerra (Parte I)

No suelo pensar más allá de los títulos y de las grandes ideas que deberían surgir al momento en que se me postra una máquina para escribir. Siempre lo hago cuando el silencio habita en mis manos. Pero esta vez será distinto, mi manifiesto, tómese como ha de tomarse, como una “lucha” al estilo Hitleriano, o un incansable tratado de la vida, una historia “más allá del bien y del mal” o simples memorias, eso depende de ustedes y de qué lado del mundo se ubiquen, si es que han decidido vivir en él.

 

Esto es lo que pienso acerca de esta existencia, y este, quizá como ninguno es mi manifiesto:

Vivo rodeado de caracteres que intentan separarse pero como fuerza de poderosos imanes se unen, perdiendo toda independencia de su propia voluntad y propiedad, volviéndose una grande y gris masa de sentimientos que órbita el campo gravitacional sin intención de tocar tierra. Siempre en movimiento, siempre ignorante al momento de saber lo que se siente tener los pies en el suelo ensuciados por el cielo que se desarma. 

Esta masa de la que hablo habita en cada corazón de mis amados congéneres, aquellos con los que comparto esta naturaleza fisiológica y emocional, de vísceras inflamadas y cerebros entumecidos. Con estos y con tan solo estos comparto mi existencia en el mundo que espera a ser tocado por mis limpios pies. Pero hay un problema, un problema que subyace dentro de mí como los cortos impulsos de energía que viajan a través de mis nervios, y es que, según estos; nada debe detenerse, mucho menos en una progresión, en un cambio continuo que no deja edificios amansados como viva imagen del pensamiento, que destruye todo lo que crea y peor aún; crea para destruir. Y entre todos, deseo plantar firmemente mis raíces sobre una rápida esfera que arrasa con todo a su paso.

Me he roto los tobillos más de una vez, tratando de detener esa gigante esfera, con la que tenía pesadillas desde que mi cerebro empezó a reproducir imágenes en mi infancia. Con la que deliro en noches de fiebre, producida por la cólera de sentirme abrumado frente a tan vasta abominación. Les cuento a quienes sea que se topen con este escrito, sea por mi voluntad, sea por la voluntad de la vida, que cada vez duele más. Recuperarme es más difícil, y seriamente pienso en que algún día lo dejaré de intentar, así es, no me romperé más los tobillos para sentir el agua del océano humedecer la punta de mis dedos. 

Recuerdo ciertamente entre esas peripecias y trágicas maniobras, intentos por convencer a una parte de vosotros, y cómo no si aquella parte representa la viva imagen móvil del amor. A parte del mundo mismo, por el que doy la vida y rompo mis tobillos, fue esa viva imagen la que me mantuvo firme en mis posturas, siempre tratando de convencer de la inutilidad de aumentar la velocidad, y por el contrario, de enseñar la belleza misma desde la quietud de un mundo apacible y bello. Todo fue en vano; en tanto intenté convenceros de mi revolucionario plan (pese a que odio toda imagen de lo que por “revolucionario” se entiende) me vi involucrado en la perversión de las masas, esa homogeneidad de la esfera me arrancó vilmente todo lo vivo que solía amar. A mi creadora y mentora le fue arrebatado su hijo de sus manos, cuando intentaba tan sólo conocer, conocer ese mundo que ahora yo pretendo tocar, y ahora es mi musa. Fue tal el punto de degeneración de la masa sobre ella, que le vi inyectando mortales dosis de altruismo, fue destruida por tal droga, que a manera satírica le brindó una sonrisa tras la profanación de su espíritu. Su cuerpo, absorbido por las morales establecidas, por ese “deber ser” arraigado en los núcleos de organismos infecciosos como virus, murió pidiendo a gritos ver el arcoiris en el horizonte, justo cuando su conciencia se desvanecía en la agrietada superficie de la esfera.

Interludio 

Tuve un hogar, que solía llamar casa, una desordenada casa que me brindaba calor en noches frías, y sueño en intempestivos apagones, en el caos urbano donde ladrones habitaban las calles con sus deformados rostros. Tenía un refugio, un pequeño terruño de suelo de caucho, y paredes humectadas. Ahí tenía mi compañía, la sabiduría de un amor que nunca murió pese a que fue abandonado, testigo de borracheras en noches amistosas, con la incertidumbre del mañana, pero con la seguridad que da una postura displicente con el dinero. Ahí me ubiqué, hasta que tuve que atarme unas alas y lanzarme al abismo desde mi madriguera en las alturas. Suelo repetir algo: “la tranquilidad misma se fue, junto con mi hogar, mi infancia, mi inocencia y mis ganas de que algo cambie”. Se fue junto a los ángeles que tocaron el arpa en mis diez y siete años de vida.

Filed under memorias literatura colombia literatura

0 notes

Paloma Torcaz

-Los animales no tienen la culpa de esta mierda-

Decía él, una persona a la que el tiempo no le servía de herramienta sino de amo. Pasaba la calle parsimonioso esperando descubrir qué le deparaban las ideas de hace cinco siglos.

-Mataron a una paloma hermano-

Y se dirigía a un completo extraño que pasaba la calle junto con él; pero no lo hizo inmediatamente. Ciertamente le miró a los ojos esperando una reacción ante semejante situación patética. Como buen extraño, el otro, retrocedió dos pasos y gesticuló el temor y la duda dignas de la locura.

-Mire- dijo justo después de señalar con el dedo a la muerte del otro lado de la calle.

El otro se sorprendió, presumiblemente no por la muerte más que por los hechos. Le sucedió otra vida fuera de la vida, al tipo no le interesaba el mundo ni lo que tuviera debajo de sus zapatos deportivos, el tipo sólo quería llegar puntual.

-Que piedra hermano, comenzaba a levantar vuelo y la mataron-

Él, quizá movido por un no-se-qué proveniente de no-se-dónde se acercó a ella tratando de buscar a la muerte, y aprehenderla por su accidente. No obstante, se dio cuenta que no había visto a la muerte. Se dio cuenta que había visto a la realidad, amo del tiempo, amo de su amo. 

 

Filed under historia literatura cuentos

1 note

¿Qué iba a decir?

¿Cómo saber ahora? Ahora que veo que la existencia es del tiempo y no del alma, ahora que como nunca me pregunto por mí, por lo que deseaste que fuera, por lo que yo deseo ser, por el ser mismo. ¿Cómo saber quién me acompaña? ¿Cómo saber si amo o me aman? Responderlo es fácil cuando el discurso se vuelve blando con tu calor, y de golpe no me guste enterarme si soy lo que debo ser, más sólo ser en el mundo. ¿Cómo dejarte de lado? Y seguir creando y llenando la vacía existencia que se formó cuando nuestra mundanidad palideció. Beethoven, docenas de bolígrafos, toneladas de papel, palabras olvidadas, poemas de sentimientos azarosos, libros de lenguas prohibidas, de pensamientos ajenos, amigos de causas eficientes, arte aburrida en paredes húmedas, cuerdas oxidadas porque sentí vivir en Grecia, reflexiones auténticas de ese que vive todo menos la vida. No será triste pues pensar en ti ahora, ni tampoco la melancolía de recordar y tener presente a la muerte en cada segundo, como los escalofríos y los erizados vellos que auguran algún final. ¿Cómo saber si deseo, junto con todos, celebrarte a ti? Dime cómo, si desde que dejé de verte veo todo con distintos ojos, gracias a ti, y a mí. Pero ya no me veo junto a una familia feliz disfrutando de abundantes banquetes que sacien el hambre de un corto festejo que debe terminar.

Más, si desde que mi vista cambió, y no precisamente porque ahora uso gafas; sino porque me encuentro volviendo a casa, a tus grandes alas de hilo, a las que una vez temí en mi niñez, a intentar descubrir qué me querías mostrar cuando te quitabas la máscara que usabas en público, a dejar que los platos y la ropa sucia se amontonaran para repetir el ciclo sin mayor preocupación; si por eso es que dejé atrás la piel muerta de un adolescente que alguna vez lanzó improperios y justificaciones banales.

Sin embargo, ¿cómo saber si eres mi madre? Porque aquella palabra ha quedado desvalorada frente a tu magnificencia, temo entonces, decirles a todos que como tú no hay nadie, y confesar que no tengo madre. No como la ven todos; callada, dedicada a un hogar y a una familia, dejando atrás sus intereses por los de esos a los que llama hijos, suprimiendo el dolor y la pena causada por ese llamado esposo, formándose a sí misma una moral cultivada de chismes de peluquería, telenovelas y libros de cocina.

Grito “¡No!” No fue la idea de madre de la que con ayuda de Platón estoy viendo con mi alma, me podrá decir el resto ¿cómo llamar a una persona con quien burlarse del resto es el entretenimiento de una tarde? ¿Con quien escuchar guitarras afiladas y pesadas melodías de fuerte metal constituye una faena de aseo hogareño? ¿Con quien buscar en librerías de usados, extraños libros de filosofía y revistas de arquitectura en otros idiomas es el plan por excelencia? Porque muchos probablemente dirán que es amiga, a lo sumo mejor amiga, pese a todo la palabra mamá resulta disonante y chocante cuando digo que mi madre ha sido mi amiga desde que recuerdo. Entonces ¿Qué decirle ahora a esa madre que confunde su labor con la de amiga? ¿Qué decir cuando el mundo me dice que madre sólo hay una y que sin embargo hay que celebrarla como todas?

Sólo diré que de mí no saldrá un “Feliz día”, tampoco un “gracias” de carácter ontológico, será lo indecible, tampoco es un sentimiento, aunque digamos que lo sentimos, es vida pura la que empecé a apreciar desde pocos momentos, cuando debí tomar vuelo con mis cortas alas, pero es vida la que ahora te regalo, cuando camino solo por las calles que me enseñaste a reconocer, cuando veo a la injusticia, a la ignominia, al amor y a la belleza a los ojos, cuando sé que aquello que nos mantiene calientes en los centros comerciales se llama micro-clima, y que así como tengo vívidos recuerdos de todos los barrios en que discutíamos de cuántica y física, tengo profundos anhelos de verte y darle más vida a mi vida. ¡Atrás todas las complicadas estructuras del pensamiento! Atrás toda la frivolidad con la que debo enfrentar este mundo crudo y desgarrador. Es con, para y por ti, que no tengo pena al pronunciar mi extranjero apellido, que no desprecio el hecho de explicarle a todos por qué lo cargo con tanto orgullo, y de decirte a ti que en él habita la eternidad de mi ser.

Ana Lorena Sterling Hernandez, de los Sterling y Hernandez de Cali, del honorable barrio donde residieron alguna vez Zeus, Hera, Afrodita, Hermes, Apolo y Poseidón juntos, de donde puedo decir que encarnados en humanos caminaron por el cálido ambiente de tu tierra dulce. ¿Atenea, quizá? Me pregunto a veces si eres carne de ella, poseedora de cualquier conocimiento, de una hoja de vida más gruesa que las leyes Platónicas. ¿Luego, aún se puede decir que te acomodas a ese apodo llamado “madre”? No sé si sea válido agrandar la capacidad de mis categorías con respecto a las de los demás, no sé si se me dé la libertad de escribir infinidades de libros acerca de ti. Porque el tiempo, el espacio y ellos de los que tanto me quejo, son testigos de la profunda gratitud que tengo cuando digo que tu, que eres mi madre, eres única. A ti, estás y todas las letras que me hagan feliz, triste, miserable o exitoso, sean hechas con mis manos, con teclas bajo mis dedos, con mi voz que envejece y rejuvenece cuando recuerda, ante ti, están fundadas las bases de una estructura hermosa que por ti, sostiene todo lo bello que es en mi.

 

Filed under madre

2 notes

VÉRTIGO

Este es el resultado de una larga observación a un mundo que existió por lo menos para mí, y que debe ser erradicado y reventado como la frágil esfera de jabón que es…

I. Somos ratas meneando nuestras cabezas al son de la academia, curiosas por saber siempre qué se encuentra al final de ese laberinto trazado por quienes nos dominan. ¡Y no nos cansamos! Masoquistas ratas que gozan el despellejo del conocimiento. Nos desollan con la esperanza que nos da poder saber algo que otro no. ¿Para qué? No he podido responderme, ese queso oloroso que se aposenta al otro lado del laberinto me sigue llevando, mueve mi cuerpo, pero no mi espíritu, y gradualmente mi mente quita la mirada de esa espiral hipnotizante.

La mente, esa mente de la que hablé, numerosas veces me dejó inmóvil, a punto de llanto, lleno de melancolía y desasosiego. No me comprendo, busco taladrar las paredes de este laberinto, romper los muros; no para llegar más rápido al final, no, no quiero ser recompensado, tan sólo quiero salir de esto. Esas ratas me lo impiden, como una gran estampida, me empujan incesantemente, se tropiezan, no notan los caminos ciegos del laberinto, se estrellan, se lamentan, culpan al destino y se levantan. Paupérrimo, pero más aún, pretender luchar contra semejante corriente.

II. Oh, sinsabor, insípida sensación que recorre mi cuerpo, ver a mis otras ratas correteando por los infinitos corredores de la existencia. Por poco convenciéndome de cual lucha fuera la mejor de todas, pues el bienestar de la raza me espera con el epitafio de hipocresía, dentro del cementerio de las causas eficientes, de las logias unificantes y los valles altruistas. Que aunque el escepticismo parece maternal, la bella retórica, la que viene del vientre y no del cráneo, danza frente a nosotros como las cascadas caderas de la arábica seda, y como sol resplandeciente ilumina los muros; proyectando manantiales y oasis, todo para el disfrute del trabajo en equipo y humano.

III. Junto a la ventana del recinto en que tragaba los sonidos de la catedrática, gotas eran las ventanas dentro de las ventanas ensuciadas por el aliento de los sucios intelectuales, y como en la prisión, contemplaba al mundo pacífico humedecerse en la tristeza de las batallas perdidas. Huía de la extrañez de la ignorancia y mis anhelos cobraban vida al ver las ondas en los charcos.

Esas voces, esas voces impías que penetran mi mente y me confunden. Ahora quiero revivir en el chasqueo del agua. No hay corifeos, no hay regocijo, no hay algarabía, en el mejor sentido, no había nadie. Soy libre cuando llueve, cuando los demás corren asustados por sus vidas, porque sus ropas se encojen, porque los virus trabajan.

El mundo adopta un tono grisáceo, mis lentes tornan un filtro gris para verlo. Ellos, fantasmas de color que desaparecen en las tinieblas de la fuerte lluvia, se refugian en madrigueras de amor y alegría.

Mediante el goteo que retumba el asfalto, segundos perezosos transcurren en las madrigueras, evocando orgías de ocio, mirando las agujas, y las ratas fornican sus mentes pese a que el mundo les espera en feliz gris.

¡Estoy afuera! Soy una puta libre, desnuda, gritando negro y marrón. El frío me tiene miedo, resulta cobarde cuando se ahora desde los platanales, mi piel siente el cosquilleo del prado y me excito a medida que me revuelco en el campus.

¡Magnicidios! Son cometidos en las madrigueras, como al nazareno, apuñalamos nuestros voceros quienes vivieron por nosotros. Dejé de ser meretriz, ya mi cuerpo no es parte de ningún proxeneta que me venda por conocimiento, el sexo me ha hastiado, el semen ya me resulta tóxico como el ácido.

Las ventanas se despejaron, y veo las ratas sentadas cuando sus vidas parecieran seguir adelante. Las miro, sus mentes siguen cansadas de la penetración, sus colas asquerosas se agitan al unísono de la revolución. Como puta me harté de esa vacua vida, el bien se desfiguró junto al mal cuando suplicaba por mis esperanzas, después de haberlo sentido, el césped me satisface más que los tonos dulces de la unión hipócrita. Vísceras avisto yo desde el mundo, enardecen de sus malolientes bocas los intestinos rojos que gritan por un mejor mañana. Me río. Me elevo donde el gris se transforma en negro. Donde la celebración estival de las ratas es ridícula. Donde se respira ese aire pesado y puro del asesino de Dios.  

Una crítica a la felicidad

Sí, probablemente lo haga en un estado en que no debo ni creo sentir la felicidad en lo absoluto, escucho mi pasado hablarme en la voz de Kurt Cobain y ciertos flashbacks me remontan a aquél momento en que me balanceaba en la ventana de mi apartamento en un sexto piso, sólo para sentir la vida pasar en una explosión craneal.

Y sí, me inspiro en todos ustedes, personas felices a las que va dirigido este escrito que aunque corto, está lleno con la hasta ahora más pura sensación de mi cuerpo: mi odio.

Esta es una pequeña muestra de lo que siento, eso que todos ustedes tanto aprecian y que yo con el paso del tiempo aprendí a despreciar, pues desde un tiempo no muy remoto considero más valioso el pensamiento y la razón que la emoción, considéreseme un extraño en tierras prohibidas, un extraterrestre o tan sólo un condenado.

Me he dado cuenta de algo: el ser feliz, consiste en una suerte de no interrogarse, más que por trascendencias que consideramos inherentes a nosotros. Estos cuestionamientos, en contravía al método de cuestionamiento habitual, no nos han de preocupar, si se quiere, no nos han de molestar, o causar un estado de desasosiego.

“Piensa menos, siente más” No sé en qué momento dejamos de prestarle tanta importancia al pensamiento, lo digo porque soy uno de los más acérrimos defensores de la actividad reflexiva, admiro todo en cuanto bello y verdadero, lo hago con instrumentos magistrales como el de la lógica y el discurso. Esa experiencia fáctica de la vida que Heidegger describió hasta la saciedad me llama, y me llama para decirles a ustedes, a quien quiera que se tope con esta infortunada carta, que la felicidad no debe ser el logro ético por alcanzar, y mucho menos será la herramienta que encamine nuestro ser por derroteros artificiosos e ilusorios.

Suena gracioso, y algo quejumbroso, tomando además el hecho de mi juventud, y mi probable “ceguera” en el mundo. Sin embargo, me convenzo cada día de que no hay nada en lo cual convencerse, y no me tomen por nihilista o cualquiera de las etiquetas puestas por los amantes de las categorías, vivo como nadie el vértigo de enfrentarme a la vida besando a la muerte, por ello me apasiona la filosofía y la pregunta por el ser. ¿Realmente habrá esa voluntad o fuerza que nos motive en la vida?

Muchos responden afirmativamente, o negativamente, pero responden. Dirán que hay alma o buenas intenciones, acciones, amor, felicidad o dinero y bienes materiales, dirán que todo es una demostración de la naturaleza adaptable a intrincadas fórmulas, a geometrías sagradas que enaltecen un espíritu creativo y curioso. El bien, como causa final y efectiva de la existencia, incluso muchos de los griegos que tanto admiro lo contemplaron. Pero los tiempos son otros y soy el bastardo de personas como Nietzsche, Schopenhauer, Kafka y en especial Heidegger. Que no han sido quizá los grandes descubridores del mundo, aunque, desde mi perspectiva creada por sus textos, han sido para mí, el margen de error en una existencia arrojada y sin sentido, tendiente a la caída y a la opinión como la es la mía, y las suyas también.

Ha tiempo en que busqué respuesta en la misma acción de la negación, en la contracorriente, pero la encontré y la vi mucho más desgraciada que la vida resuelta y viable. ¿Qué ser entonces? ¿Ser? Hamlet lo dijo hace unos siglos. Cómo lanzarme a la respuesta del “cómo ser” si no tengo “qué” Es por ello que dentro de la lógica que me ha mantenido vivo y quizá engañado a lo largo de mi existencia no puedo comprender la situación en la que están todos ustedes, seres de lo alegre.

Este escrito no es fácil para mí, debo mantener aislado el deseo de manifestar improperios y jugar suciamente a eso que juegan todos los humanos, debo ser frío como el verdugo que ejecuta a los condenados, debo exponer con argumentos, como todo lo válido y apreciable en este mundo de letras y caras que responden a títulos y doctorados.

Jugar con la seriedad de un niño.

Les cuento que las ansias de poder seguir desarrollando un discurso se ven obstruidas cuando el problema es de la razón, son tantos los esfuerzos que realiza mi mente para comprender, para realizar la hermenéutica de ustedes, pero aclararé un punto que me tiene inquieto y seguramente a ustedes también, la trascendencia. Recuerdo alguna vez una joven, quien motivada por exponer sus deseos y expectativas de una clase, vinculó la filosofía con lo trascendente. ¿El acto de filosofar, es propio del actuar trascendental? ¿Qué es trascendental?

No haré gala de un lenguaje confuso, en eso me distingo de un intelectual al que irónicamente la vida también le ha sido resuelta, así sea por su ego. Trascendental es vinculado mucho con lo no perceptual, pero no sólo es el aire que no vemos, sin ánimos de ser vitalista, es la fuerza que adquieren los seres para precisamente “ser”. Aquí encuentro un gran obstáculo, el de la abstracción. A través de muchas culturas y épocas hemos creado los caminos para hacerlo, sean las drogas, la meditación, el arte, el sexo, la religión entre muchos otros métodos. No es un dilema reciente, es un problema que atiende Platón mejor que nadie con su mundo de las ideas, donde es menester desvincular la percepción del intelecto para poder aprehender la verdad.

Ya no lo creo así, Dios ha muerto, la metafísica que tanto defendemos, se ha desvanecido junto con la idea de humano, y es sumamente problemático, por ello considero que hoy día nos enfrentamos a una más difícil existencia, donde habitan seres como ustedes y como yo. Donde la filosofía se mantiene cuestionándolo todo, insatisfecha, brindando a mentes como la mía el vértigo de una existencia. Luego se suscita otro problema, y este me atañe a mí, ¿cómo llegué a concebir esto?

Responderé brevemente a ello, no lo hubiera hecho de no ser porque más que nadie sé que soy humano, y que debo lidiar con esa condición así como con la muerte. Es una rectificación de un pensamiento que vive anterior a Sócrates, pese a todo, fue en él en quien lo admiré por primera vez. Una vez condenado a la muerte por su comunidad y negado por las personas que le amaban, fue el primer defensor de una existencia en la ignorancia, por ello mismo, lo considero sabio entre todos, pues era el único que poseía tal conocimiento, el de saber que es imposible el saber, y que todas esas cosas que sabemos se mantienen en un vaivén de creencias, presentadas como la fe de un conocimiento común a todos, las virtudes, ante todo, que se creían adquiridas por aquellos que arbitrariamente se disponían a saberlas. Más de dos mil años más tarde, Heidegger lo correspondería con su Dasein, la existencia ni subjetiva ni objetiva, el mundo aquí y ahora; el “ser-ahí” y la filosofía como freno a esa caída de ese ser en la publicidad del mundo. El ser como conocedor de su condición de ser, ¿saben ustedes, seres de la alegría, lo que son? Como todos, ¿creen que “son” lo que “hacen”? ¿Y su hacer no sería otro que el de la “felicidad”?

Vanagloriados sean si responden afirmativamente, tienen en sus manos la solución al problema que la humanidad nunca ha querido responder.

No importa lo que hables, lo que veas cuando hay alcohol en tu cabeza; ni las sensaciones que causen las manos y labios de tu mujer cuando te hace el amor. El ser humano cae como un yunque sobre el Globo Terráqueo; hablar del mundo como lo que se ve, como lo que podría pensarse, como un universo infinito; el error tal vez en el que persisto, hasta en una que otra de estas líneas; ese es el mundo que entre tantas cosas pareciese ser estático: una especie de bolsa que se ha roto en el vació y ha botado infinitas cosas a un “espectro” del mismo carácter, todo se mueve dentro de él; ¿Qué necesidad tendría de moverse éste si nada lo contiene? los dínamos tal vez sean mi invención. Probablemente el mundo que no me importe sea ese espectro. Diría que vivo como la cápsula de color contenida dentro de una canica; una especie de burbuja me rodea, de diámetro variable. Giro y giro, absorbiendo “pedacitos”, tal cual se selecciona un área en un mapa; como agua derramada, esparciéndose a la deriva. Ese es el mundo que me importa, el que decida contener en mis bolsillos. Mis quereres, mis impresiones del mundo natural, mis reflexiones, las mil maneras de masturbarme; las náuseas, el dolor, los escalofríos que no siempre son de gripe. Tal vez si me importe el mundo, sólo que me animo a cambiar el diámetro de mi canica, a ser cuidadoso con lo que la corte, a seleccionar lo que le sea tangencial. Claro está sin color alguno, la prefiero translúcida, que me permita observar claramente las atrocidades que hay después de sus bordes y todas las partículas de eso que pueden entrarle. ¡Temería encerrarme en una de color púrpura!” – Alejandro Ávila (ante todos como uno de mis mejores amigos, ante mí, como un filósofo)

Filed under crítica humanidades literatura prosa Spanish literature opinión felicidad

2 notes

Los pezones de Melissa

¡Son tan estúpidos! Siempre andando con miedo. Por lo menos desde el momento en que se dieron cuenta que debían andar e ir a algún lado. Les aterroriza no saber qué senda destapada y polvorienta atravesarán. Les duele darse cuenta de no poder contar con la soledad que esperaban hallar.

Soy la indiferencia de Ferdinando.

Nos preguntamos mutuamente. ¿Qué debemos hacer ahora? No porque ignoremos que no sabemos y que no hay ni debe haber nada ni nadie que nos lo deba decir. Pero tanto ellos como yo les decimos que es un martirio completo contar la energía para mantenerse finalmente inmóvil.

Soy la necesidad de hablar de Ferdinando, sin mí, Ferdinando queda en ridículo. Pero conmigo Ferdinando es otra masa maleable.

No quieren engañarse, pero ¿realmente eso deben hacer? ¿lo están haciendo bien? Escalofríos cerebrales les suceden cuando llegan a preguntarse si alguna vez llegaron a hacer algo.

Soy el odio de Ferdinando.

Esto es lo que les debo contar acerca de ellos, que sin ellos no podría vivir lo necesario para mantener la cordura y la felicidad. Pero, sin mí, ellos no encuentran motivación a su movimiento. “Es una ofensa a la lógica” dice mi filósofo de cabecera, aún así ¿Cómo decirles a dónde ir, si no me encuentro dispuesto a hacerlo? Estoy como muchos otros, sumergidos en la condena de un circulo, de un grillete puesto en el cerebro que le obliga a no agrandar ni a moverse para que no se lastime.

Soy las ganas de matar de Ferdinando.


¿El Pacífico? Estaré levantando torres y remando en góndolas. Aún así, soy la envidia de Ferdinando.

Soy luz convertida en cabello rojo.

Soy el sordo al que Platón habló. Superioridad la de Sócrates que no sabe nada. No creer en las miradas que rebotan.

Soy el conocimiento de Sócrates.

Soy el brasier ausente de Melissa. Dejado en lo profundo del armario.

 

Filed under literatura prosa Spanish literature dada

0 notes

El diablo debe ser humano

Debe andar caminando en sus dos patas, siempre de la mano del pecado, al tanto del acecho, provocando e incitando a la ignominia, al mal, a la envidia, a la injusticia.

 

Este tipo de cuestiones surgen en mí al caminar preso en las calles, al saber que no es lo oscuro del callejón, o lo frío de la noche lo que me atemoriza, mucho menos los fantasmas que deambulan por los andenes, no es nadie más que el diablo que se aposenta cada vez que un humano lo necesita. Habita en todos, tal como lo hace Dios.

Escuché de una dama que el cielo y el infierno se encontraban aquí, pero no porque hallan animales salvajes, no porque la naturaleza entregue tempestades, mareas y huracanes; es porque tan grande creemos ser que en nosotros habita el bien y el mal. Pero no soy nada para decidir lo bueno y lo malo, no, en la medida en que una bala deje de atravesar mi pecho, y un puñal no perfore alguno de mis órganos, tan sólo en esos momentos diré que no hay ninguna de las dos en la existencia.

Pero, ¿qué hay con lo que no sucede? con el “¿qué pasaría?”. Todo esto pasa por mi mente cuando el diablo vestido de humano reclama poderes que nunca le fueron otorgados, cuando jugó a ser Dios y por obras del destino ganó, y le quedó gustando. Cuando un cañón frío resulta caliente al lado de las gotas que recorren mi espalda, todo mientras mi mente libera toneladas de endorfinas, y a la vez lucho para poder estar en calma. A veces, quisiera ser el héroe, o ese castigador que no espera nada de la vida porque todo lo ha perdido, y decide no temerle a la muerte. Que decide hacerle frente al diablo, a quitarle su tridente y dejarlo tal como el indefenso ser humano que es.

No es sólo el placer, la sensación de una integridad prevalecida; es el honor, el honor que queda al saber que nada ni nadie puede quitarte nada, pero he aquí de nuevo el juego de intereses, es condición de los humanos perder cosas. ¿Perderás cosas, Diablo querido? Has perdido tanto que andas asustando tras los matorrales a los niños. Supongo que has perdido la felicidad, y la quieres recuperar a como de lugar, por eso intentas quitármela cada vez que me insultas y me amenazas con despojarme de mi vida, pero no lo logras. Hoy he perdido la oportunidad de poder comprar comida, tal vez un cigarrillo, o algo que me mantuviera feliz, sí, pero tan sólo por un instante. Esa felicidad que tratas de quitarme no me la dan esas cosas que me has arrebatado, me la dan cosas tan indestructibles como mi espíritu. Por eso se dice del “pobre diablo” porque recorre con miedo el mundo, desprotegido e infeliz.

El diablo debe ser humano, porque vive con necesidades, con deseos y placeres. Llevar un plato de comida a su casa, invitar a su novia a comer helado, no sé, comprar cigarrillos o narcóticos, en el más simple de los casos, embriagarse hasta sentirse humillado por sus propios actos. Ese tipo de cosas hace humano al diablo, la capacidad de llevar una vida sin más, o incluso la misma capacidad de arrepentirse de haber tenido una.

Anduve mucho tiempo pasando la mirada y lo veía de un lado a otro en las esquinas de mi barrio, siempre con esa mirada nerviosa, devorador de sueños, alimentándose de mi miedo, de mi ira. No le seguiré más, optaré por la felicidad y la calma, así para él eso signifique matarme. No tendré más miedo, seguiré mi camino, desnudo, sin ninguna posesión, sin ningún interés, tan solo con mi espíritu.


Tampoco - Serie de grabados de Francisco de Goya (Los desastres de la guerra)

Filed under humanidades literatura prosa

3 notes

De humanidad.

Proemio.

Empiezo a notar sorpresivamente esta punta empapada de tinta que filtra la cantidad de negro suficiente para el blanco. Veo como se convierte en una magistral pluma de grifo con finos hilos dorados que reposan en fuerte celulosa, blanca como las perlas. ¡Y qué de mi tintero! Porcelana inglesa pintada por la mano de Waterhouse; más perdurable incluso que las imponentes columnas de la biblioteca de Alejandría.

¿Será la imaginación que se expande como una hemorragia interna en mi cuerpo? Siento la la muerte venir y ese estado vigil esfumarse tras la luz de mundos oníricos, que guardan una bella proporción con el universo y el espíritu.


Ha pasado tiempo desde que intento vivir a través de los demás seres vivientes del mundo, por supuesto, el contenido cambia en base a la relación y al comportamiento que se tenga; a la praxis. Esa idea habita en mi, unos lentes que perciben al fenómeno, que decidí usar recientemente. Pero fue por mi nueva vista alimentada de mi cerebro imaginativo que dejé de atormentarme por los demás. De hecho me importan, y me importan de una manera cualitativa. Ahora aprecio más a la abeja polinizadora que al enjambre. En efecto, ¿No alcanza la primera un grado de belleza más alto?

Una abeja retozando más que silenciosamente sobre los laureles de una amarilla flor, que le acoge cómodamente sobre sus pétalos. ¿No sería, pues, más digna de retratar y fotografiar? Más bella que una nube punzante de abejas, cuya forma escapa a toda percepción y memoria. Temor, además de un advertido dolor; es la visión misma que engaña a la mente. Como resultado, entramos en crisis, todo en consecuentes instantes; los muros de la mente colapsan y esos bellos lienzos se derriten con las salpicaduras de ácido que se producen cuando los sentidos y la inteligencia chocan.

¡Huimos despavoridos frente al abrumador colectivo!


No de todos los seres es la imagen de la abeja; es una alegoría a mi ser, mi ser humano, tan amado y temido como la de rayas amarillas y negras. Que en tanto trabaja para su reina y baila al son del lenguaje, es tan amenazante que da su vida no sin antes dar estocada. Asusta al no poder darle forma en masa, parece fantasmagórica pues a través de ella se ve el horizonte, el resto del mundo, o la nada.

Pesadilla de artista no poder hallar forma, ¿cómo ha de expresarse? ¿cómo ha de vivir? si no hay nada en lo que sus sentidos confíen. Por eso pienso que la unidad es una fina (sin querer decir la más fina) pieza llena de belleza. Su contemplación e interacción es lo más bello en la experiencia de una vida. No por mucho, primero se llega a uno si se pretende llegar a muchos. Aunque ‘políticamente’ no es lo que yo pretenda hacer.

Filed under humanidades literatura